Premios de Relatos de Feria

Entrega de Premios de Relatos de Feria organizado por la Delegación de Educación del Ayuntamiento de Algeciras. Enhorabuenaaaaaa a nuestro querido Rafael Arroyo que, con su maravilloso relato , nos traslada a momentos entrañables vividos y a recuerdos que nos acompañan toda la vida. ¡Qué grande eres, querido amigo! ¡Felicidades al resto de premiad@s! CEPER Juan Ramón Jiménez.

 

LA CAJA DE LAS FOTOS

Cuando la hoja del mes de Mayo se desprende de su primaveral calendario y aparece la hoja de Junio, una fuerza interior me induce a coger una antigua caja de hojalata de dulce de membrillo donde guardo fotografías de ferias pasadas. Abrir la caja es como entrar en la máquina del tiempo de la serie de “Star Trek”, pues con tan solo destaparla me teletransporto envuelto en una nube de algodón dulce a días de feria lejanos en el tiempo. La primera fotografía que observo es la de un niño pequeño caminando por el Real colgado de las manos de sus padres mirando hacia arriba los iluminados farolillos de colores; en otra fotografía, ese mismo niño aparece montado en un cochecito de bomberos con la mano cogida a la cuerda de una campanita; en otra aparece junto a sus hermanos y su primo en la Plaza Alta el primer domingo de feria, estrenando zapatos, camisa y pantalón corto; Martín, el fotógrafo, perpetuó el momento colocándolos de frente, escalonados en altura, y tras ellos, como mudos testigos, la fuente con las antiguas ranitas. Dentro de la caja también aparece un cartel taurino de mano; al leer los nombres de los toreros, el niño que fue, cree oír los olés subiendo hasta el cielo de la “Perseverancia”, olés que más de una tarde abrieron la puerta grande, la que daba a la cuesta del “Calvario”, para que salieran los toreros a hombros aupados por una multitud.En otra fotografía ese mismo niño, enfundado ya en piel juvenil, demuestra su puntería en una caseta de tiro; esa buena puntería fue la causante de que bebiera más de tres copas de moscatel “peleón” en la caseta de los toneles, teniendo que abandonar la feria caminando hacia su casa como un velero navegando en medio de una tempestad. Mirando las fotografías, aquel niño de entonces que hoy ya vive el invierno de su existencia, recuerda como al filo del amanecer, después de toda una noche en la feria, terminaba comiendo buñuelos de viento y chocolate en el bar “Piñero”; y los incansables, los que querían seguir consumiendo su frenética juventud, se iban a la playa del Rinconcillo y pegados al murito del hotel Bahía se quedaban dormidos enarenados como croquetas pasadas por huevo y pan rallado. La feria de Algeciras, sin ser tan grande ni afamada como otras ferias, es la más hermosa de todas las ferias, no por ser tan grande y afamada, sino porque es mi feria, la de mi gente, la de mi memoria y la de mis fotos en blanco y negro capaces de teletransportarme a un mundo de felicidad donde los niños conducen coches de bomberos y los adultos se bañan en un interminable gozo de días y noches de feria.

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